sábado, 16 de octubre de 2010

Miseria Urbana

Mareado, entre el fino alcohol de mis copas rotas, y tus ojos imprevistos.

Entre la soledad de unos rieles asesinos, y el sabor amargo de mis besos infinitos.

Mareado, entre la luna, solitaria, y las decenas de gotas que se posan en mi rostro.

Húmedos párpados, frías mejillas, cigarros eternos que se acaban por prender.

Muero, tendido en el pavimento, caigo en desuso, obsoleto, maltrecho.

Quién recogerá esta silueta, de lo que alguna vez fue cuerpo?,

Quien recitará estos versos, asesinos como cuchillas, fríos como el otoño, azules....?

Quién recogerá el contorno de lo que alguna vez fue primavera?

Y qué deparará la vida, necia al filo del precipicio?

solo sus ojos, viajeros en el tiempo, que se esfuman entre lágrimas y desvelos,

ese mar de pupilas trasnochadas, trashumantes, sin pasaje de retorno.

El silencio, irreverente por cierto, amenaza azotarme de mes en vez, de mes en madrugada.

Enfermo, entre el ron, la fiebre y las sustancias, me asesino, cobardemente sin reparos.

Para resucitar entre las jaquecas, las pastillas, el café, tu aroma a despedida, mi ventana, perdida en la ciudad,

ahogándose en miseria urbana.

El mar se inquieta, refluye, vuelve incordioso, Me sumerjo impaciente, impávido,...

Hago caso omiso al infinito, y me torno intermitente, solitario, rogando tu nombre entre palabras insonoras, entre mientras, quizaces, talveces.

Y me marcho lejos, donde no habita el más mínimo sentido, entre el fin y los suspiros, sin rostro, ni cenizas, ante el débil susurro de la soledad.

Herida de muerte, bala que roza, rosa que sangra, verso que muere, amores que matan.

Y lucho ante el castigo de un dios eterno, cruel, caprichoso y antojadizo,

ante el veneno del mundo viejo, alienante y opresivo,

ante la vanidad, la belleza esclava, el miedo, la abulia, la melancolía, el paso del tiempo.

Y muero, lejos,muy lejos, ante el más mínimo suspiro,

sin cenizas, sin rostro, ahogado ante tanta miseria urbana

MP

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