sábado, 16 de octubre de 2010

Asesino que nunca fue poeta

Mientras las hojas secas siguen golpeando mi ventanal,

me oigo mentir, y blasfemar como imbécil.

Entre los ruidos tormentosos que oigo cuando duermo, y las mañanas doloridas

de tanto otoño, de tanto vértigo imprudente, que más que vértigo es caída, libre,

desenfrenada, torpe.

Sigue su curso el reloj, allí colgado, dando siempre el tac inocente, sin el tic predecesor,

que aún sigue ausente, coordenadas perdidas, mapas olvidados, viejos viajeros que antes de ser viajeros

fueron amantes naufragando.

Los arboles azotados, no dan cuenta de su destino, inertes, entre el vendaval que no cesa y las gotas de lluvia que enfrían su copa.

Observo detenido, e impaciente su destino, cruel, de allí estar postrados, sin voz en esta faena de oxigenar la tierra, sin voto en este ardid en el que se encuentran.

Y yo más preso aún de tres barrotes fríos, una habitación desolada, una mesa, y solo algunas sillas, demasiadas para un cuerpo solitario, gris perdido entre la niebla de la madrugada, entre el hogar desacostumbrado a las multitudes, a las compañías....

entre las mañanas efímeras que pasan como aviones de caza en pleno bombardeo, entre los mediodías casi imperceptibles como la risa de un niño en la trinchera, entre los atardeceres ocasos de sol, de vida, de rayo y calor, ocaso de tiempo, de amor de suspiro, entre las noches eternas, casi perfectas, inacabables, sinceras, amenazantes como filos nuevos de un asesino que nunca fue poeta, que sabe más de amor por ser su victima que sabe mas de dolor por ser su meta. Pago el precio del sol, que apenas se asoma, pago el precio de la luna por hallarme bajo su condena, pago el de no ser quien soy por hallarme tarde y agonizando. Hasta me cobra la muerte por llevarme, y encima no tengo billetes ni monedas, y hasta ella me abandona.

Sin muerte, sin sol, sin estrellas, sin brújula y sin norte, aunque libre y perfecto en la mas sincera libertad.

La libertad de no pensar y no ser, de reírme de Descartes y su maldito discurso del método.

De no tener ni valentía ni ser cobarde, la libertad de transitar el camino sin la meta propuesta ni pospuesta

sin el paso del tiempo, sin la razón Kantiana que me abruma, sin bolsillos, ni recetas.

Sigue la lluvia en la ventana, sigue el otoño inclaudicable, siguen las hojas perdidas, como golondrina que no llega a aquel verano,sigo entre los barrotes cada vez más fríos, sigue tu voz lejana, sigue la risa infantil en las trincheras, y aún no se derriban las barricadas, sigue la resistencia.... por siempre

MP

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