miércoles, 6 de octubre de 2010

La soledad

No me quedan argumentos, solo trazos de tiza en el pizarrón.

No me quedan premisas, solo recomendaciones tristes de un viejo amigo.

No me quedan recuerdos, solo una foto amarilla en el placard.

Y tu voz se me esfuma, como el humo del cigarro,

como golondrina en un cambió de estación, como polvo entre las rendijas de mi ventana.

Hablo solo y me mareo, entre pesadillas que empapan mi mente, entre las sábanas frías, solitarias.

tu rostro pasa, entre la gente, entre las calles, entre mil veredas desoladas en la oscuridad,

entre blasfemias y gritos, entre sollozos y ruidos, entre el instante, y la razón.

Ahogo mi memoria en ginebra vieja, hago repaso durante el desayuno, y sigo allí,

gris, como el humo del tráfico, inerte, entrecruzando los dedos por si acaso se te ocurre llamar, observando ajeno

el presente, ese preciso momento en el que te hayas ausente, ausente de mi, ausente de ti, entre veranos inconclusos, y primaveras que aún no germinan, entre vendavales que mas que azotar, me derriban, derrotado, entre brazos de mujeres desconocidas, de amigos descartables, de viejos recuerdos....

La ciudad afuera es infinita, devora gritos, niños, ancianos.

Vientres que se nutren, esposos que pierden el último tren a casa, muchachas quen sueñan despertar,

obreros que luchan, estudiantes que se rebelan, leen, besan, leen, y vuelven a besar, interminables, intermitentes.

me desangro y me desropo sin lograr aún desnudarme, siquiera desvestirme, y entre las paredes ocres de una habitación olvidada,

bebo el último vaso de aquel ron que habíamos decidido guardar, desprendo hojas impredecibles, y afino mi lápiz, pero sus trazos me desarman, me vierten en mil pedazos y esparcido en la habitación no hago mas que repetirte, entre versos de Hernández, y una vieja copia de Rivera, entre Bach, Sartre , Cortázar.......

Entre los recuerdos que amenazan acribillarme, duele, desangra, asesina, tu rostros esbozado en mi pared,

muere el día, y con el mis desayunos, mis posturas cobardes ante la vida, mi ojalá, mi quizás, el mientras que tantas veces me paralizó,

el pretendido pretérito de dejar para ayer lo que nuca haré mañana, el maldito ego, la vanidad, el beso en mi mejilla de tus labios finos, tu verdad, tu estación vacía, al menos de tu cuerpo, los trajes grises que vienen y van, las señoras que observan vidrieras, el maniquí que reposa esperando impaciente un viejo enamorado que se posa.

La lejanía, el monte, la hierba, el aroma a incienso, las orquídeas, la soledad, la soledad...

Condenada soledad.

MP

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