martes, 2 de noviembre de 2010

Amanecer

Urge mi alma de tu presencia, mientras tiemblo, arrojo el cigarrillo, y bebo,

la última copa de la madrugada, la primera de la mañana.

El sol se posa en los cristales, rotos por cierto desde hace meses

No atino a repararlo, y de prometérmelo estoy agotado.

Vuelvo al ruedo, titubeante, escarbando en los bolsillos la llave que perdí,

los besos que negué, las veces que morí.

No halló más que un par de monedas, que no son capaces de pagar la más mínima cerilla,

las arrojo con violencia tras las cortinas de una habitación maltrecha, y me vuelvo viento.

Dejo flamear mi escuálido cuerpo, entre las amenazas de tormentas, entre las promesas de refacciones y entre las grietas que ya son parte del paisaje.

Hago buches con mi soledad, y la escupo en mi pileta, seco mis manos y entre dientes murmuro algún poema viejo que encontré escrito en el espejo. Las letras tapan mi rostro, muero por un instante, resucito por otro, escapo al rayo de sol que ya penetró por la ventana, me persigue, me encuentra, escondido tras la puerta, entre el inodoro y la pared.

Alcanzo a tomar la perilla y a escapar, en la cocina me espera la taza del café, caliente, negro, amenazando despertarme de este letargo, hago caso omiso a su aroma, tomo una tostada, le unto mantequilla, y se la arrojo a mi mascota. Al menos disfrutará aquel trozo de comida, yo ya estoy viejo para hacerlo. Bajo la vista, y me detengo entre manchas en los azulejos, hace tanto que no barro, al menos varios meses.

El rayo no se detiene, parece no tener piedad sobre mi, inclinado a rendirme, entre los últimos esfuerzos vuelvo a mi cama, destendida por cierto, me desplomo, escondido tras los pasos de la luz, entre sábanas sudorosas, y allí permanezco.

tras instantes eternos, desde fuera alguien gira el picaporte, el chillido del viejo roble hecho puerta es aterrador,

el espacio que habita entre mi miedo y la realidad, es un abismo insoportable, imposible de calcular, sus pasos asesinos me abruman, la silueta que se posa en el borde de la cama me estremece, destapo violentamente mi cuerpo, y allí tendido derrotado, el beso de tus labios me conmueve.

Me incorporo, bebo mi café, salgo a la vereda, me baño de sol y dispuesto a partir me despido.

MP

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